viernes, 15 de marzo de 2013

Gabriel Rolón: Relaciones peligrosas



Suelen darse muchas veces en las relaciones interpersonales, situaciones que por su característica resultan altamente peligrosas. No sólo aquellas que conllevan un peligro para la vida de algunas de las partes, sino también aquellas que traen aparejadas un fuerte dolor psíquico. Muchas veces el peligro está tan escondido, comienza siendo tan imperceptible, que uno no lo percibe hasta que ya es demasiado tarde y está metido en un problema. Esto puede suceder en relaciones de pareja, de amistad, de padres a hijos, entre hermanos. Siempre que hay dos personas, o más, que se relacionan está latente el peligro de que surjan dificultades patológicas en el vínculo. Estas situaciones generadoras de dolor comienzan a gestarse de un modo casi silencioso, imperceptible. Uno empieza a permitir una actitud que no le gusta, pero bueno: "para no pelear lo dejo pasar". Una contestación inadecuada, una escena de celos injustificada, una crítica a la ropa, una frase que después uno reconocerá que era demasiado fuerte: "Vos no te vas a librar tan fácilmente de mí" o "nunca me pongas a prueba... vos no sabes de lo que yo soy capaz", suelen marcar el comienzo de un peligroso camino. Es cierto que muchas veces estas cosas se dicen como parte de un juego, o por puro enojo. Pero ¿cómo percibir si se trata de un peligro real o no. Por lo general hay algo que delata a la persona capaz de llevar adelante comportamientos patológicos. Una mirada, una entonación, un gesto.


Versión tierna
Lo problemático es que suele ocurrir que al comienzo alguien puede sentirse atraído por esto y confundirlo con una virtud o un acto de amor. "Mira como me quiere"... "está muerta por mí"... "Es una persona de carácter", son algunas de las frases que se esgrimen sin darse cuenta del peligro que acecha. A veces, incluso, hay un disfrute por ese "algo" desmedido que uno genera en el otro, por esas reacciones pasionales. Pero hay que tener en cuenta que una relación de emociones tan extremas puede, en una mente no del todo sana, generar también actitudes extremas. Actitudes que, a la larga, pueden volverse peligrosas. Dada la extensión de este escrito, tomaré solamente un ejemplo: "Si me dejas me mato”. Esta frase tiene su versión tierna, que es la siguiente: "Yo sin vos ya no podría vivir". Esto, dicho en el marco de la seducción, de la dulzura, de esas pequeñas mentiras, está bien, hace al juego del amor.. (..)en ese momento la persona que lo dice lo siente sinceramente. Pero si la ruptura o el abandono sucedieran, es de esperar que esta sentencia, no se cumpla. Que uno sin el otro pueda vivir igual. Al principio con dolor, con angustia. Pero con el tiempo y a medida que se realiza el duelo, pueda ir independizándose de la relación pasada y rehaciendo su vida. Ahora bien, a veces el duelo no se puede hacer como corresponde. Pero no debemos confundir este estado melancólico con la amenaza de la que estamos hablando. ¿Por qué? Porque el melancólico comienza con un cuadro normal de duelo. Va sumergiéndose en él de una manera esperable. Lo que ocurre es que se queda estancado y no avanza. Entonces sí, es probable que cometa una locura, presa de su dolor e intentando, no matarse a sí misma, sino al otro. Pero ocurre que el otro ya no está en su vida externa sino en su interior, en su mente. No se lo puede sacar de encima. Entonces cree, en su enfermedad, que el único modo de poder librarse de él es aniquilándolo, pero como está dentro, para hacerlo hay que aniquilarse. No lo hace para generarle culpa al otro, para cumplir una amenaza. Lo hace porque no puede más. No soporta, ya no estar sin el otro, sino más bien estar con el otro todo el tiempo. Con ese otro que no la abandona en su interior y que se niega a hacer real su presencia en el mundo exterior. Pido perdón por la digresión, pero me pareció importante diferenciar esto que puede ocurrir en la melancolía. Pero en el caso puntual que estamos tratando no sucede lo mismo. Porque no es que después de un tiempo, y al no poder olvidarlo porque el duelo no se cumple, la persona amenaza con matarse. No. Esta amenaza aparece en el momento mismo de la ruptura, a veces antes, cuando comienzan a ver que algo anda mal en la pareja. Y es un elemento de presión, una extorsión, un acto de violencia que intenta ejercerse contra la voluntad del otro. Se está instando, obligando al otro a que se quede con nosotros nos quiera o no. Por la fuerza. En la melancolía en cambio el dolor deviene de no ser amado por el otro. Aquí si me ama mejor, pero si no me ama, igual se queda. Porque si no, me mato. Es decir que lo que se está diciendo en realidad es: "Vos me matas". Por un mecanismo de proyección se deposita la responsabilidad en el otro. Se le dice que va a ser el causante de una muerte, el ejecutor de esa muerte, porque el gatillo lo aprieta cuando decide dejarlo
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Actitudes patológicas
Es esta una situación muy violenta porque, disfrazada a veces de una gran debilidad, "vos sos mi vida"... "sin vos no puedo vivir", lo que se ejerce es un poder desmedido: "Vos te quedas te guste o no porque yo lo digo". Se intenta encarcelar al otro en una relación que ya no quiere, que ya no le hace bien. Esto que parece una exageración, es algo que se presenta, no de un modo tan claro por supuesto sino más disimulado, muchísimas veces en el discurso de los pacientes. Puede tomar otras formas: "Yo no me puedo ir porque sé que no lo soportaría"... "Yo no podría vivir con la culpa de haberla dejado sola, porque ella (o él) me necesita”. Ahora bien, esto ocurre cuando las futuras víctimas son también proclives a actitudes patológicas. Porque al principio el hecho de sentir que el otro no puede vivir sin ellos, si alguien es inseguro, le da una inyección de confianza se siente necesitado, deseado e indispensable. Esto parece ser la cúspide del amor, y en realidad es algo terrible. Ser indispensable para alguien es una carga demasiado pesada. La madre es indispensable para el bebé cuando recién nace, porque abandonado a su suerte se moriría. Porque todavía es un ser viviente que no se basta a sí mismo para vivir. Digo la madre pero hago referencia a la persona que cumple con este deber de cuidar y proteger al chico hasta que pueda arreglarse solo. (..) Quiero decir con esto que, para estar en una relación sana, hay que pagar el precio de correr ciertos riesgos, los riesgos que implica estar al lado a una persona que es libre para decidir lo que quiere y lo que no quiere, si se viste de tal o cual manera, si se queda o elige alguien que para ella es mejor. Sé que da miedo, porque la amenaza es tan fuerte, tan contundente y resulta tan creíble que uno empieza a sentirse garante de la vida del otro. Pero se entra así en un círculo siniestro, que es el siguiente: para que el otro no se mate, para que no pierda su vida,  yo debo perder la mía, debo condenarme a una relación que no quiero, con alguien con quien no puedo convivir, a veces aunque esté enamorado. Porque aquí suele darse una paradoja también interesante para pensar: suele suceder que la presión es tan grande, que aún estando enamorado resulta insoportable y termina provocando lo que quería evitar. Por eso, repito, hay que resistir la tentación de ceder ante este tipo de presiones y pensar que así no se obtiene nada. Es cierto que este pedido ("no me abandones porque me mato") sale de personalidades tan patológicas que no suelen razonar, al menos sobre este tema, de un modo lógico, lo cual dificulta el diálogo y la resolución sana. El miedo, la inseguridad, la certeza (palabra terrible) de que sin el otro no va a poder, de que el otro le pertenece, de que le debe una relación eterna, confunden todo pensamiento y llevan a una situación de difícil resolución donde ambos son amos y esclavos al mismo tiempo. Pero nadie en su sano juicio va a matarse por la pérdida de un amor, y si así fuera, hay que pensar que alguien capaz de matarse por algo así, es quizás imposible de frenar.  


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