La angustia real es ante un peligro conocido, y la
angustia neurótica se da ante un peligro desconocido, emanado de un
instinto.
En el peligro conocido o real hay un aspecto afectivo (angustia) y
uno protector (nos defendemos). Quizá el peligro instintivo también
tenga estos dos componentes. La angustia puede llegar a paralizar la
acción protectora.
A veces el peligro es conocido y real, pero sentimos una angustia
desproporcionada frente a él: aquí se mezclan la angustia real y la
neurótica.
El peligro proviene de nuestra impotencia, si no no tendríamos
miedo: impotencia material en el peligro real, impotencia psíquica en el
peligro instintivo. Estas impotencias se basan en experiencias
anteriores realmente vividas. En síntesis: la situación peligrosa es la
situación de impotencia, reconocida, recordada y esperada. La angustia
es la reacción primitiva a la impotencia en el trauma, reacción que es
luego reproducida, como señal de socorro, en la situación peligrosa. El
yo, que ha sufrido pasivamente el trauma ahora lo repite en forma
mitigada para poder controlarlo.
Entre peligro real exterior y peligro interno instintivo hay una
íntima conexión: el peligro real, para ser tal, debe tener alguna
significación para el yo, o sea debe haberse hecho interno. Y al revés:
un peligro interno instintivo puede desembocar en un peligro externo (la
satisfacción del instinto traería como consecuencia un peligro desde el
exterior). (inhibición síntoma y angustia)
jueves, 9 de enero de 2014
miércoles, 8 de enero de 2014
Desarrollo libidinal y organizaciones sexuales
Señores: Tengo la impresión de que no he logrado convencerlos suficientemente de la importancia de las perversiones para nuestra concepción de la sexualidad. Por eso procuraré, hasta donde me sea posible, mejorar y complementar mi exposición. No es que las perversiones solas nos compelieran a introducir en el concepto de sexualidad esa modificación que nos atrajo un disenso tan violento. Todavía más contribuyó a ello el estudio de la sexualidad infantil, y la concordancia de ambas cosas fue decisiva para nosotros. Pero las exteriorizaciones de la sexualidad infantil, por inequívocas que puedan ser en los últimos años de la infancia, parecen al comienzo perderse en lo indeterminable. Quien no quiera tomar en cuenta la historia evolutiva ni el contexto analítico, les impugnará su carácter sexual y, a cambio, les atribuirá un carácter indiferenciado cualquiera. Recuerden que por ahora no poseemos una señal universalmente admitida que permita determinar la naturaleza sexual de un proceso, a menos que otra vez recurramos a su vínculo con la función de reproducción, que tenemos que rechazar por demasiado mezquino.
Los criterios biológicos, como las periodicidades de 23 y 28 días establecidas por W. Fliess [1906], son todavía enteramente cuestionables; las propiedades químicas de los procesos sexuales, cuya existencia estamos autorizados a sospechar, esperan aún ser descubiertas. En cambio, las perversiones sexuales de los adultos son algo aprehensible e inequívoco. Como ya lo prueba el nombre que se les da, universalmente admitido, pertenecen sin lugar a dudas a la sexualidad. Puede llamárselos signos degenerativos o de otro modo, pero nadie ha osado sostener que no son fenómenos de la vida sexual. Ellos nos autorizan a formular este aserto: sexualidad y reproducción no coinciden; en efecto, es evidente que todos ellos desmienten la meta de la reproducción. Veo ahí un paralelismo que no deja de ser interesante. Mientras que para la mayoría «conciente» y «psíquico» es lo mismo, nosotros nos vimos precisados a ampliar este último concepto y a admitir algo psíquico que no es conciente. Y sucede algo muy parecido cuando otros declaran idénticos «sexual» y «perteneciente a la reproducción» -o, si quieren decirlo más brevemente, «genital»-, mientras que nosotros debemos admitir algo «sexual» que no es «genital» ni tiene nada que ver con la reproducción. Esta es sólo una semejanza formal, pero que tiene una base más profunda (conferencia 21)
Los criterios biológicos, como las periodicidades de 23 y 28 días establecidas por W. Fliess [1906], son todavía enteramente cuestionables; las propiedades químicas de los procesos sexuales, cuya existencia estamos autorizados a sospechar, esperan aún ser descubiertas. En cambio, las perversiones sexuales de los adultos son algo aprehensible e inequívoco. Como ya lo prueba el nombre que se les da, universalmente admitido, pertenecen sin lugar a dudas a la sexualidad. Puede llamárselos signos degenerativos o de otro modo, pero nadie ha osado sostener que no son fenómenos de la vida sexual. Ellos nos autorizan a formular este aserto: sexualidad y reproducción no coinciden; en efecto, es evidente que todos ellos desmienten la meta de la reproducción. Veo ahí un paralelismo que no deja de ser interesante. Mientras que para la mayoría «conciente» y «psíquico» es lo mismo, nosotros nos vimos precisados a ampliar este último concepto y a admitir algo psíquico que no es conciente. Y sucede algo muy parecido cuando otros declaran idénticos «sexual» y «perteneciente a la reproducción» -o, si quieren decirlo más brevemente, «genital»-, mientras que nosotros debemos admitir algo «sexual» que no es «genital» ni tiene nada que ver con la reproducción. Esta es sólo una semejanza formal, pero que tiene una base más profunda (conferencia 21)
Fantasía y realidad, el arte
Un camino de regreso de la fantasía a la realidad, y es... el arte. Al comienzo, el artista es también un introvertido, y no está muy lejos de la neurosis. Es constreñido por necesidades pulsionales hiperintensas; querría conseguir honores, riqueza, fama y .el amor de las mujeres. Pero le faltan los medios para alcanzar estas satisfacciones. Por eso, como cualquier otro insatisfecho, se extraña de la realidad y trasfiere todo su interés,también su libido, a las formaciones de deseo de su vida fantaseada, desde las cuales se abre un camino que puede llevar a la neurosis. Tienen que conjugarse toda una serie de circunstancias para que no sea este el desenlace de su desarrollo; y es bien conocida la frecuencia con que justamente los artistas padecen de una inhibición parcial de su productividad, provocada por neurosis. Es probable que su constitución incluya una vigorosa facultad para la sublimación y una cierta flojera de las represiones decisivas para el conflicto.Ahora bien, he aquí el modo en que el artista encuentra el camino de regreso a la realidad. Por cierto, no es el único que lleva una vida fantaseada. El reino intermedio de la fantasía es admitido por acuerdo universal de los hombres, y todo desposeído espera hallar en él alivio y consuelo.Pero en los que no son artistas, la ganancia de placer extraída de las fuentes de la fantasía es muy restringida. La inflexibilidad de sus represiones los fuerza a contentarse con los mezquinos sueños diurnos que todavía son autorizados a devenir conscientes. Ahora bien, cuando alguien es un artista genuino, dispone de algo más. Se las ingenia, en primer lugar, para elaborar sus sueños diurnos de tal modo que pierdan lo que tienen de excesivamente personal y de chocante para los extraños, y para que estos puedan gozarlos también. Además, sabe atenuarlos hasta el punto en que no dejen traslucir fácilmente su proveniencia de las fuentes prohibidas. Por otro lado, posee la enigmática facultad de dar forma a un material determinado hasta que se convierta en copia fiel de la representación de su fantasía y, después, sabe anudar a esta figuración de su fantasía inconsciente una ganancia de placer tan grande que en virtud de ella las represiones son doblegadas y canceladas, al menos temporariamente. Y si puede obtener todo eso, posibilita que los otros extraigan a su vez consuelo y alivio de las fuentes de placer de su propio inconsciente, que se les habían hecho inaccesibles; así obtiene su agradecimiento y su admiración, y entonces alcanza por su fantasía lo que antes lograba sólo en ella: honor, poder, y el amor de las mujeres.
lunes, 6 de enero de 2014
Instancia intermedia
El yo tiene la posición parecida a la de un monarca constitucional sin cuya sanción nada puede convertirse en ley, pero que lo piensa mucho antes de interponer su veto a una propuesta del Parlamento.El yo quiere mediar entre el mundo y el ello, hacer que el ello obedezca al mundo y a través de sus propias acciones musculares hacer que el mundo haga justicia del deseo del ello. En verdad se comporta como el medico en una cura analítica, pues con su miramiento por el mundo real se recomienda al ello como objeto libidinal y quiere dirigir sobre si la libido del ello. No solo es auxiliador del ello, es también su siervo sumiso, que corteja el amor de su amo. Con su posición intermedia entre ello y realidad sucumbe con harta frecuencia a la tentación de hacerse adulador, oportunista y mentiroso, como un estadista que, aun teniendo una mejor intelección de las cosas, quiere seguir contando empero con el favor de la opinión publica. ( Los vasallajes del yo)
El mundo interior
Esta nueva instancia psíquica prosigue las funciones que habían ejercido aquellas personas ( los objetos abandonados) del mundo exterior; observa al yo, le da ordenes, lo juzga y lo amenaza con castigos, en un todo como los progenitores, cuyo lugar ha ocupado.Llamemos super yo a esa instancia. El super yo a menudo despliega una severidad para la que los progenitores reales no han dado el modelo. Y es notable también que no pida cuentas al yo solo a causa de sus acciones, sino de sus pensamientos y propósitos incumplidos, que parecen serle consabidos.Esto nos trae a la memoria que también el héroe de la saga de Edipo se siente culpable a causa de sus acciones, y se somete a un autocastigo, cuando la compulsión del oráculo debiera proclamarlo libre de culpa tanto a juicio nuestro como a juicio de el. De hecho el super yo es el heredero del complejo de Edipo. Por eso su hiperseveridad no responde a un arquetipo, sino que corresponde a la intensidad de la defensa gastada contra la tentación del complejo de edipo. Una vislumbre de esta relación de cosas yace sin duda en el fondo de lo que aseveran filósofos y creyentes , a saber, que el sentido moral no es instilado al hombre por la educación, ni lo adquirieron por la vida comunitaria, sino que les ha sido implantado desde un lugar mas elevado.
Un Pacto
El yo esta debilitado por el conflicto interior, y nosotros tenemos que acudir en su ayuda.Es como una guerra civil destinada a ser resuelta mediante el auxilio de un aliado de afuera. El medico analista y el yo debilitado del enfermo, apuntalamos en el mundo exterior objetivo (real) , deben formar bando contra los enemigos, las exigencias pulsionales del ello y las exigencias de la conciencia moral del super yo,. Celebramos un pacto. El yo enfermo nos promete la mas cabal sinceridad, o sea, la disposición sobre todo material que su percepción le brinde, y nosotros le aseguramos la mas estricta discreción y ponemos a su servicio nuestra experiencia en la interpretación del material influido por lo inconsciente. Nuestro saber debe remediar su no saber, debe devolver al yo del paciente el imperio sobre jurisdicciones perdidas en la vida anímica. Este pacto consiste la situación analítica. Esto impresiona como si buscáramos la posición de un confesor profano. Pero la diferencia es grande, ya que no solo queremos oír de el lo que sabe y esconde a los demás, sino que debe referirnos también lo que no sabe.Con este propósito le damos definición mas precisa de lo que entendemos por sinceridad. Lo comprometemos a observar la regla fundamental del Psicoanálisis. ( La técnica psicoanalítica)
la censura onirica
Hay que ser humilde y dejar de lado buenamente las propias simpatías y antipatías cuando se pretende averiguar lo que en este mundo es real.Si un físico pudiera demostrarles que la vida orgánica de este planeta tiene que sufrir a corto plazo una parálisis total, ¿ se atreverían ustedes a oponerle : " eso no puede ser; esa perspectiva es demasiado desagradable"? Yo creo que ustedes se callaran hasta que venga otro físico y le demuestre al primero que cometió una falla en sus premisas o en sus cálculos. Si ustedes arrojan de si lo que les resulta desagradable mas bien repiten el mecanismo de la formación del sueño en vez de comprenderlo y vencerlo. No quiero hablar del modo en que les gustaría verse a si mismos pero; ¿ han hallado tanta benevolencia entre sus jefes y competidores, una conducta tan caballeresca en sus enemigos y tan poca envidia en quienes los rodean, que deban sentirse comprometidos a salir de fiadores de que no hay naturaleza humana una parte de maldad egoísta? ¿ No saben acaso, cuan desenfrenados y turbulentos son, en promedio, los hombres en todos los asuntos de la vida sexual? ¿ O ignoran que todos esos atentados y transgresiones con que soñamos por las noches son cometidos realmente todos los días por hombres despiertos, como crimines?¿Que hace aquí el psicoanálisis sino corroborar el viejo dicho de Platon, que los buenos son los que se conforman con soñar aquellos que los otros , los malos, hacen realmente.No es nuestro propósito poner en entredicho las aspiraciones nobles de la naturaleza humana, ni hemos hecho nada para despreciar su valor. Al contrario: no solo les muestro los deseos oníricos malos, censurados, sino también, la censura que los sofoca y los hace irreconocibles. Nos detenemos con mayor insistencia en la maldad del hombre solo porque los otros pretenden desmentirla, con la cual la vida anímica del hombre no se vuelve mejor, sino incompresible.
Fenómeno psíquico y resistencia
"En mis cuadernos de anotaciones había conservado gran cantidad de sueños propios que , por una razón cualquiera , solo había interpretado muy incompletamente o ni siquiera lo había hecho. Uno o dos años después intente interpretar algunos de ellos con el propósito de procurarme material para ilustrar mis tesis. Lo conseguí sin excepción; y hasta diría que habiendo trascurrido tanto tiempo la interpretación fue mas fácil que en el momento mismo, cuando los sueños eran aun vivencias frescas." (El olvido de los sueños) Sigmund Freud
domingo, 5 de enero de 2014
Lo femenino no tiene que ver con las mujeres ni con el feminismo
Ella necesita ubicar al hombre en el lugar de la excepción, entonces le da un
estatuto de omnipotencia y dice: “no hay otro igual, él es el mejor”, para luego
barrarlo, hacerlo impotente ante la mínima falla, y así concluir: “todos los
hombres son iguales”.
Lo
que la histérica desconoce en los hombres es su castración, ya que le pide cosas
imposibles. Un hombre no puede colmar totalmente a la mujer, porque la mujer es
No –toda. Barrar al hombre no es sinónimo de admitir su castración, todo lo
contrario. Barrar al hombre es denigrarlo, ridiculizarlo en tanto pesaba sobre
él una exigencia de pura potencia. Admitir la castración es poder reconocer en
el hombre el límite que lo constituye, ser dócil a su fantasma que difiere
tantísimo de ser obediente. La docilidad al hombre es efecto del deseo, la
obediencia es sucedánea del superyó.
Carolina Rovere- Sergio Zabalza “Cuando una preciosa se hace bella” en La
palabra que falta es Una mujer”, Buenos Aires, Letra Viva, 2013; P. 24
¿Cuándo Una mujer es bella?
Cuando puede inventar con ese vacío que la habita su propio estilo de ser mujer
y gozar allí. Para eso es necesario dar un valor preciado al goce femenino que
surge de ese vacío, saber hacer con eso. La posibilidad que tiene Una mujer de
lucir su belleza femenina no depende de la cara bonita, ni de su cuerpo, ni de
la edad que tenga: es imprescindible soltarse de los cánones anatómicos para
pasar a otra cosa.
Una
mujer bella es quien puede enlazar el goce femenino con el fálico en un
movimiento constante y distinto, cada situación de la vida requiere diferentes
modos de hacer.
Carolina Rovere- Sergio Zabalza “Cuando una preciosa se hace bella”
Suscribirse a:
Entradas (Atom)