La angustia real es ante un peligro conocido, y la
angustia neurótica se da ante un peligro desconocido, emanado de un
instinto.
En el peligro conocido o real hay un aspecto afectivo (angustia) y
uno protector (nos defendemos). Quizá el peligro instintivo también
tenga estos dos componentes. La angustia puede llegar a paralizar la
acción protectora.
A veces el peligro es conocido y real, pero sentimos una angustia
desproporcionada frente a él: aquí se mezclan la angustia real y la
neurótica.
El peligro proviene de nuestra impotencia, si no no tendríamos
miedo: impotencia material en el peligro real, impotencia psíquica en el
peligro instintivo. Estas impotencias se basan en experiencias
anteriores realmente vividas. En síntesis: la situación peligrosa es la
situación de impotencia, reconocida, recordada y esperada. La angustia
es la reacción primitiva a la impotencia en el trauma, reacción que es
luego reproducida, como señal de socorro, en la situación peligrosa. El
yo, que ha sufrido pasivamente el trauma ahora lo repite en forma
mitigada para poder controlarlo.
Entre peligro real exterior y peligro interno instintivo hay una
íntima conexión: el peligro real, para ser tal, debe tener alguna
significación para el yo, o sea debe haberse hecho interno. Y al revés:
un peligro interno instintivo puede desembocar en un peligro externo (la
satisfacción del instinto traería como consecuencia un peligro desde el
exterior). (inhibición síntoma y angustia)
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