El hombre no es una criatura tierna y necesitada de amor, que sólo osaría defenderse si se le atacara, sino, por el contrario, un ser entre cuyas disposiciones instintivas también debe incluirse una buena porción de agresividad. Por con siguiente, el prójimo no le representa únicamente un posible colaborador objeto sexual, sino también un motivo de tentación para satisfacer en él su agresividad, para explotar su capacidad de trabajo sin retribuirla, para aprovecharlo sexualmente sin su consentimiento, para apoderarse de sus bienes, para humillarlo, para ocasionarle sufrimientos, martirizarlo y matarlo. (..) La existencia de esta inclinación agresiva que podemos registrar en nosotros mismos y con derecho presuponemos en los demás es el factor que perturba nuestros vínculos con el prójimo y que compele ala cultura a realizar su gasto ( de energía). A raíz de esta hostilidad primaria y reciproca de los seres humanos , la sociedad culta se encuentra bajo permanente amenaza de disolución. (..) La cultura tiene que movilizarlo todo para poner limites a las pulsiones agresivas de los seres humanos (..) De ahí el recurso de métodos destinados a impulsarlos hacia identificaciones y vínculos amorosos de meta inhibida; de ahí ala limitación de la vida sexual y de ahí, también, el mandamiento ideal de amar al prójimo como así mismo, que en realidad efectiva solo se justifica por el hecho de que nada contraria mas a la naturaleza humana originaria. (..) pero la ley no alcanza a las exteriorizaciones mas cautelosas y refinadas de la agresión humana.
Es que Dios ha creado a imagen y semejanza de su propia perfección y no se quiere admitir cuan resulta conciliar la indiscutible existencia del mal (..) pueden pedirsele cuentas a Dios por la existencia del diablo, como por la del mal que el diablo corporiza.(..) Es aconsejable que cada quien haga una profunda reverencia, en lugar oportuno, ante la naturaleza profundamente ética del ser humano; eso lo ayuda a uno a ser bien visto por todos, y a que le disimulen muchos pecadillos
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