Yo no comparto el punto de vista, que hoy goza de predilección,
según el cual los enunciadores de los niños serian por enteros arbitrarios e
inciertos. Arbitrariedad no la hay, absolutamente, en lo psíquico; y en cuanto
a la incerteza en los enunciados infantiles, se debe hiperpoder de su fantasía,
lo mismo que la incerteza en los enunciados de los adultos deriva del
hiperpoder de sus prejuicios...(..) Tampoco las indicaciones de los adultos
ofrecen seguridades grandes. Es lamentable que ninguna exposición de un psicoanálisis
pueda reflejar las impresiones que uno recibe durante la ejecución, que el
convencimiento definitivo nunca pueda agenciarse por la lectura, sino por el
solo vivenciar.
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