El discurso capitalista es un discurso en rechazo a la castración. La perversión ínsita del capitalismo reside precisamente en un sistema social, un modo de dotar del pacto que suple el vacío central que es el hombre, de tal manera pervertido que su estructura
se resuelve en el ataque al vínculo social que lo instituye. Del capitalismo todos somos
víctimas.Su capacidad destructiva es extraordinaria. Entre modernidad y posmodernidad, se ha procesado una alquimia: pasaje de la creencia en el Otro a la querencia del Otro.
El horror de saber es contra el horror de la verdad de la castración
El discurso del capitalismo expresa una cultura que hace desaparecer al hombre
en su singularidad: construye su perversión para tratar de superar la imposibilidad de encontrar “el objeto perdido desde siempre” -nos referimos al objeto en su estatuto freudiano-.La ciencia,con su gran producción de objetos, anima este discurso que promueve tantos objetos que permite que el ojo se nutra con una cantidad jamás vista.Y en estas formas se enmascara la posición del goce que está difundido en estos objetos de la ciencia. Lo que produce es un “exceso de goce” Sólo el impacto que causan los síntomas sociales recuerdan a los habitantes del mundo globalizado que les queda un poco de humanidad, “aún”, y también de malestar en la cultura.Su decir es “no nos sentimos cómodos en la civilización del presente”. Este decir tiene un sujeto, que en nuestra consideración, puede animarse a hacerse presente bajo la figura de“ataque de pánico”.
La primer descripción realizada por Freud sobre crisis de pánico (1894), considera que estos estados pueden presentarse en forma de pavor, irrupciones, y ataques sin ser evocados por el decurso de las representaciones, acompañado de síntomas físicos neurovegetativos, y/o mezclarse con interpretaciones espontáneas relacionadas a la muerte. En una lectura freudiana pueden considerarse las descripciones sobre la angustia (Angst) como Angstanfall (ataque de miedo), (histeria de miedo), (irrupción de angustia). Tendremos en cuenta la hipótesis general: La idea de Angst se vincula a la concepción de descarga/salida de los estímulos acumulados. El sujeto,impedido de descargar su libido, sufre la acumulación de excitaciones y para lograr descargar éstas se transforman en síntomas (sudores, taquicardia, contracciones musculares, parestesias, etc).
También es interesante considerar que el exceso de es vivido por el sujeto
como algo avasalladorque lleva a un estado de miedo y desamparo: término que
expresa un estado próximo a la desesperación. Aún habiendo reformulado, en 1925,la teoría de la angustia, Freud mantiene la antigua hipótesis implicando al yo: “el yo anticipa la satisfacción de la moción pulsional y le permite reproducir las sensaciones de displacer (...)
así se pone en juego el automatismo del principio del placer-displacer”
En los “ataques de pánico” existe un sujeto que se queda sin recursos frente a su propia inermidad, abatido frente a la propia imprecisión de su malestar, pero denunciante de que el malestar existe, él es un testigo del “malestar de la cultura”. El ataque de pánico dice poco del sujeto como efecto del significante, del producto (que es el objeto) y del resultado (que es el síntoma). El pánico es homólogo a un decir sin tiempo y sin función sujeto. La omnipresencia del Otro en el discurso capitalista produce una falla en la constitución de la realidad psíquica que el pánico viene a revelar brutalmente: el sujeto quiere ser representado, quiere hacerse escuchar, aunque sea a precio de los costos y las costas del pánico, en donde la temporalidad de lo simbólico parece muy reducida. El sujeto se patentiza, se hace presente, busca su lugar, en “lo real del síntoma”.
se resuelve en el ataque al vínculo social que lo instituye. Del capitalismo todos somos
víctimas.Su capacidad destructiva es extraordinaria. Entre modernidad y posmodernidad, se ha procesado una alquimia: pasaje de la creencia en el Otro a la querencia del Otro.
El horror de saber es contra el horror de la verdad de la castración
El discurso del capitalismo expresa una cultura que hace desaparecer al hombre
en su singularidad: construye su perversión para tratar de superar la imposibilidad de encontrar “el objeto perdido desde siempre” -nos referimos al objeto en su estatuto freudiano-.La ciencia,con su gran producción de objetos, anima este discurso que promueve tantos objetos que permite que el ojo se nutra con una cantidad jamás vista.Y en estas formas se enmascara la posición del goce que está difundido en estos objetos de la ciencia. Lo que produce es un “exceso de goce” Sólo el impacto que causan los síntomas sociales recuerdan a los habitantes del mundo globalizado que les queda un poco de humanidad, “aún”, y también de malestar en la cultura.Su decir es “no nos sentimos cómodos en la civilización del presente”. Este decir tiene un sujeto, que en nuestra consideración, puede animarse a hacerse presente bajo la figura de“ataque de pánico”.
La primer descripción realizada por Freud sobre crisis de pánico (1894), considera que estos estados pueden presentarse en forma de pavor, irrupciones, y ataques sin ser evocados por el decurso de las representaciones, acompañado de síntomas físicos neurovegetativos, y/o mezclarse con interpretaciones espontáneas relacionadas a la muerte. En una lectura freudiana pueden considerarse las descripciones sobre la angustia (Angst) como Angstanfall (ataque de miedo), (histeria de miedo), (irrupción de angustia). Tendremos en cuenta la hipótesis general: La idea de Angst se vincula a la concepción de descarga/salida de los estímulos acumulados. El sujeto,impedido de descargar su libido, sufre la acumulación de excitaciones y para lograr descargar éstas se transforman en síntomas (sudores, taquicardia, contracciones musculares, parestesias, etc).
También es interesante considerar que el exceso de es vivido por el sujeto
como algo avasalladorque lleva a un estado de miedo y desamparo: término que
expresa un estado próximo a la desesperación. Aún habiendo reformulado, en 1925,la teoría de la angustia, Freud mantiene la antigua hipótesis implicando al yo: “el yo anticipa la satisfacción de la moción pulsional y le permite reproducir las sensaciones de displacer (...)
así se pone en juego el automatismo del principio del placer-displacer”
En los “ataques de pánico” existe un sujeto que se queda sin recursos frente a su propia inermidad, abatido frente a la propia imprecisión de su malestar, pero denunciante de que el malestar existe, él es un testigo del “malestar de la cultura”. El ataque de pánico dice poco del sujeto como efecto del significante, del producto (que es el objeto) y del resultado (que es el síntoma). El pánico es homólogo a un decir sin tiempo y sin función sujeto. La omnipresencia del Otro en el discurso capitalista produce una falla en la constitución de la realidad psíquica que el pánico viene a revelar brutalmente: el sujeto quiere ser representado, quiere hacerse escuchar, aunque sea a precio de los costos y las costas del pánico, en donde la temporalidad de lo simbólico parece muy reducida. El sujeto se patentiza, se hace presente, busca su lugar, en “lo real del síntoma”.
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