sábado, 21 de diciembre de 2013

La vida contemporánea y su relación a la globalización desde la Sociología

La voluntad de posesión reemplaza al deseo. La dependencia a los objetos se extrema bajo la creencia de poseer la libertad de estar al alcance de ellos, para hacer de su vida una obra, - no de arte - según un modelo que quiere imponer una identidad de contrabando. Los compradores- consumidores pueden encontrar el consuelo de tener la impresión de pertenecer a alguna comunidad en donde la ausencia de diferencia y el sentimiento de ‘todos somos iguales’causan su atractivo. La trampa es que el sentimiento de identidad común es una falsificación de la experiencia: “los que han ideado y supervisan los templos del consumo son, de hecho, maestros en el engaño y artistas embaucadores”  
Frente a tal producción de lo homogéneo, “no parece accidental que el miedo a los extraños  haya crecido en la medida en que se han reducido las diferencias”14. La incapacidad de enfrentarse a la irritante pluralidad de diferencias y la ineptitud para tomar decisiones singulares, se encuentran en aumento. A mayor homogeneidad mayor incomodidad frente a los extraños. La diferencia parece cada vez más amenazante y la angustia que provoca parece cada vez más intensa. A medida que el impulso hacia la uniformidad se hace más intenso, también se intensifica el horror ante los peligros representados por ‘los extraños entre nosotros’. Esa inseguridad se convierte en un círculo vicioso”.15 Los esfuerzos por mantener a distancia al “otro” en tanto que “diferente”, trae como respuesta esperable la incertidumbre existencial, a la que han dado lugar la nueva fragilidad de los vínculos sociales.“Hay Otros que son más Otro que Otros, los extranjeros. Excluir alas personas como extranjeros porque ya no somos capaces de concebir al Otro da testimonio de una patología social”. También de una patología política generadora de focos de terror:“los orificios corporales (sitios de entrada) y sus superficies (los puntos de contacto) son los principales focos del terror y de angustia generados. “El cuerpo es uno de los puestos defensivos del casi abandonado campo de batalla donde cada día se entabla la lucha por la seguridad, la certidumbre y la protección”. Lucha en ejercicio de la libertad. Pero, es tiempo de preguntarnos respecto de esa libertad, pues quizás lo que se experimenta en su nombre ni siquiera lo contemple.Se ha generado una sociedad tendiente a la adición y a la adicción, en donde lo que se consume debe llegar al exceso de la máxima satisfacción. Se impone la ley del “safis-facere”, en donde un pretensioso “demasiado hacer” es “hacer en demasía”. Su consecuencia está a la vista: “ no tengo tiempo”, frase de letal elegancia con la cual la gente se pronuncia respecto de lo que llama “su vida”. Cabe preguntar: ¿es vida?, ¿de quién?, ¿quién tiene la titularidad de esto que llamamos “mi vida”?. Existe una lógica aditiva, la lógica del uno más, de un poco más,en una serie con tendencia al infinito.¿ Hay entusiasmo por lo que causa pánico? La virtud normativa de la prudencia está en desuso, también otras. Es el mundo del “todo-listo”, del “siempre-listo”, y el que no puede tiene una solución al alcance de la mano:químicos para dormir, despertar, tener fuerza, divertirse, no comer, no dormir, no parar. Así las asociaciones entre fármacos y drogas están en el orden del día. No importa aquello que entra en la cuenta, el asunto es que sume. La saturación lleva a querer “tener todo” o bien a “tener nada”, en donde juegan sus lugares bulimia y anorexia, ya no solamente como patología alimenticias, sino como modos de encarar la vida. 
Como psicoanalistas sabemos que el trabajo del inconsciente, cuyo principio es el goce del trabajo de la pulsión de muerte-, es aliado inseparable del trabajo del sueño, cuyo objetivo es seguir durmiendo

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